7 octubre 2025
Cuando pensamos en patentes, solemos imaginar oficinas llenas de trámites legales, abogados con lenguaje complicado o inventores excéntricos que buscan proteger sus ideas. Pero lo cierto es que las patentes están mucho más cerca de lo que creemos: se esconden en el café que tomas cada mañana, en la música que escuchas de camino al trabajo, en el coche que conduces y hasta en el medicamento que te ayuda cuando estás enfermo.
Las patentes son la base invisible de la vida moderna. Sin ellas, gran parte de la innovación que hoy disfrutamos quizás nunca hubiera llegado tan lejos.
Tecnología en nuestras manos
Un teléfono móvil de hoy concentra miles de patentes. La pantalla táctil, la cámara dual, el lector de huella, la carga rápida, etc., cada detalle está protegido.
Por ejemplo, Apple registró en 2009 la patente US7479949B2 para la pantalla multitáctil, que revolucionó la forma en que interactuamos con los dispositivos:

La patente US9477829B2 de Apple, de 2016, protege el desbloqueo de un teléfono móvil mediante reconocimiento facial:

Pero la historia no empieza ni termina en los smartphones.
El ratón de ordenador (US3541541), patentado en 1970 por Douglas Engelbart, cambió para siempre la forma de interactuar con la tecnología y todavía está en uso:
La patente del mando de la Wii (EP 1 854 518), patentada por Nintendo en 2005, abrió un nuevo capítulo en el entretenimiento digital.

Cada clic y cada videojuego tienen detrás patentes invisibles que hacen posible esa experiencia cotidiana.
Patentes que salvan vidas
En la medicina, las patentes son protagonistas silenciosas. Desarrollar un nuevo medicamento cuesta millones de euros y pueden tardar más de una década en aprobarse. Sin patentes, las empresas farmacéuticas difícilmente asumirían ese riesgo.
Por ejemplo, la patente del marcapasos implantable concedida a Wilson Greatbatch en 1962 (US3057356) ha salvado muchas vidas. Este dispositivo fue el primero en ser implantado con éxito en un ser humano en 1960, marcando un hito en la medicina cardiovascular.

El paracetamol, también conocido como acetaminofén, es un genérico disponible bajo la Ley de Competitividad de Precios y la Ley de Restauración de Patentes de 1984 en Estados Unidos, aunque ciertos preparados de Tylenol, su nombre comercial en Estados Unidos, estuvieron protegidos hasta el 2007. En Estados Unidos, la patente US 6.126.967 de 1998 fue concedida para la “liberación extendida de preparados de acetaminofén”.
Durante la pandemia de 2020, las vacunas de ARNm contra la COVID-19, de Pfizer-BioNTech y Moderna, generaron un debate mundial sobre cómo equilibrar la innovación con el acceso universal.
Entre otros litigios, Moderna demandó a Pfizer y BioNTech acusándolas de infringir tres patentes sobre innovaciones relacionadas con el ARNm, y la biofarmacéutica CureVac también presentó una demanda de patentes contra BioNTech en Alemania, por la tecnología de ARNm.
Sin embargo, no siempre se patentan los medicamentos. Por ejemplo, Albert Sabin, en 1961, decidió no patentar la vacuna oral contra la poliomielitis, lo que facilitó su distribución global y contribuyó a erradicar la enfermedad en gran parte del mundo.
Inventos que usamos sin pensarlo
Las patentes no solo protegen grandes avances tecnológicos, sino que también cubren pequeños inventos que usamos sin reparar en ellos.
El cinturón de seguridad de tres puntos (US3043625), patentado por Volvo en 1962, fue liberado por la compañía para que todos los fabricantes pudieran usarlo. Se calcula que ha salvado más de un millón de vidas.

El Velcro® (US2717437), patentado en 1955, nació de la observación de cómo los cardos se enganchaban a la ropa y al pelaje de un perro. Hoy está en zapatillas, mochilas y hasta en trajes espaciales.

El método de preparación de café mediante cápsulas de Nespresso (WO92007775), transformó la manera de preparar café en casa. Cuando la patente expiró, aparecieron cápsulas compatibles de distintas marcas.

El microondas (US2495429), patentado en 1951, fue fruto de un accidente: su inventor, Percy Spencer, notó que una chocolatina se derretía en su bolsillo mientras trabajaba con radares.

El Post-it (US3691140), patentado originalmente en 1972, y mejorado posteriormente en 1993 (US5194299) nació de un pegamento “defectuoso” que no pegaba lo suficiente. Hoy es un clásico en oficinas y hogares.

El código de barras (US2612994), patentado en 1952, pasó desapercibido durante años hasta que se convirtió en una herramienta indispensable para el comercio global.

La impresora 3D (US4575330), patentada en 1986 por Charles Hull, abrió la puerta a fabricar prótesis médicas, piezas industriales e incluso alimentos personalizados.

La primera patente de pañales desechables de Marion Donovan fue concedida en 1951 (US2556800). Su invento, denominado Diaper Wrap, consistía en una funda impermeable para pañales de tela, que representó un avance significativo al evitar que la humedad traspasara y manchara la ropa del bebé. Este diseño innovador fue un precursor directo de los pañales desechables modernos.

El Walkman de Sony marcó un antes y un después en la forma de escuchar música: de pronto, podías llevar tus canciones a cualquier parte. Su precursor fue patentado por Andreas Pavel en 1983 (US4412106A), que describe un dispositivo portátil para escuchar música con auriculares, conocido como “Stereobelt”.

László J. Bíró patentó (US2390636) en 1945 un sistema con una bola que gira y reparte tinta de secado rápido. Las fuerzas aéreas lo adoptaron porque funcionaba mejor que las plumas fuente en cabinas y el objeto se hizo omnipresente y se denominó bolígrafo (birome en algunos países como homenaje a su inventor).

Cada uno de estos inventos empezó siendo una patente que protegió la idea original y permitió su desarrollo hasta convertirse en parte de nuestra rutina.
¿Patentes que marcarán el futuro?
Teléfono enrollable
La solicitud de patente US2024126326 A1 de Motorola describe un teléfono móvil con una pantalla enrollable que permite al dispositivo expandirse para ofrecer una mayor área de visualización. Una característica destacada es la integración de un lector de huellas dactilares que funciona en toda la superficie de la pantalla, permitiendo desbloquear el dispositivo desde cualquier punto táctil.

Lentes de contacto con cámara
La solicitud de patente US20160097940A1 de Sony describe lentes de contacto con una cámara integrada, controladas por parpadeo y con capacidad de grabación y transmisión de imágenes.

Taxi volador
La solicitud de patente US20240375799A1 de la NASA, describe un vehículo volador diseñado para funcionar en múltiples modos de vuelo: despegue/aterrizaje vertical, vuelo horizontal hacia adelante, vuelo horizontal hacia atrás, modo de descenso rápido, etc.
Utiliza una propulsión distribuida con varios propulsores (pares de hélices) montados tanto en el ala principal horizontal como en un ala transversal vertical. Eso le da gran flexibilidad para controlar la dirección del empuje, la actitud, etc.

Las patentes y la innovación
Las patentes incentivan la innovación, permiten recuperar inversiones y fomentan la competencia.
Sin embargo, el caso del cinturón de seguridad de Volvo o la vacuna contra la polio de Sabin muestran que a veces la decisión de liberar una patente puede cambiar la historia.
Conclusión
Algunas patentes se protegen hasta las últimas consecuencias, otras se liberan por el bien común, pero todas nos recuerdan lo mismo: detrás de cada invento hay una mente creativa… y, casi siempre, una patente que hizo posible que lo disfrutemos hoy.
WEBINAR SOBRE EL BREXIT

Un vídeo para resolver tus dudas sobre el Brexit y las marcas y diseños.





















Comentarios
No hay comentarios