5 agosto 2026
Cuando pensamos en Propiedad Industrial solemos mirar hacia tratados y convenios de nuestra historia reciente. Sin embargo, la PI inició su andadura por este mundo mucho antes de que existieran los juristas, los gobiernos y las oficinas de patentes.
Todo comenzó cuando uno de nuestros antepasados más remoto tomó una piedra y decidió transformarla en una herramienta. Desde entonces, la historia de la humanidad ha sido una concatenación de grandes momentos inventivos. Durante más de tres millones de años, la capacidad de imaginar soluciones nuevas en pro del progeso ha sido una de las principales ventajas competitivas de nuestra especie.
De la revolución a la protección
La primera gran revolución tecnológica fue la herramienta de piedra. La segunda: el dominio del fuego. Después llegaron la agricultura, la rueda, la escritura y la imprenta, transformando gradualmente la forma de vivir, comerciar y transmitir conocimiento.
Junto a la necesidad de inventar apareció otra igualmente importante: identificar el origen de los productos y generar confianza. Mucho antes de los registros de marcas, artesanos y comerciantes utilizaban sellos e inscripciones para distinguir sus productos y garantizar su procedencia.
Las patentes protegen la innovación; los derechos de autor, la creación intelectual y las marcas: la reputación.
Durante gran parte de nuestra historia, existió un problema fundamental: ¿cómo proteger una innovación? La respuesta fue: el “secreto”. Los gremios de artesanos o constructores, entre otros, transmitían sus conocimientos únicamente a personas de confianza. El secreto empresarial fue la primera forma de protección de la innovación.
Pioneros
La gran aportación del sistema de patentes fue cambiar esta lógica. La República de Venecia aprobó en 1474 la primera ley moderna de patentes. El inventor obtenía un derecho exclusivo temporal sobre su invención, pero a cambio debía divulgarla.
En el ámbito de la creación intelectual, la imprenta provocó una transformación similar. La reproducción masiva de obras condujo al nacimiento del derecho de autor moderno, cristalizado en el Statute of Anne de 1710.
La Revolución Industrial aceleró todos esos procesos. La dimensión internacional llegó con el Convenio de París de 1883 y el Convenio de Berna de 1886, pilares aún vigentes del sistema internacional de protección.
Empresas como Coca Cola, Apple, Dyson, Qualcomm o LEGO demuestran que la ventaja competitiva moderna reside cada vez más en los activos intangibles. Patentes, marcas, diseños, derechos de autor y secreto empresarial se han convertido en herramientas estratégicas para crear valor.
La IA entra en la ecuación
Actualmente, estamos inmersos en una nueva revolución tecnológica. La Inteligencia Artificial (IA) está obligando a replantear algunos de los conceptos fundamentales sobre los que se ha construido históricamente la Propiedad Intelectual e Industrial: la autoría, la actividad inventiva y la titularidad de los derechos.
Por primera vez, disponemos de herramientas capaces de generar textos, imágenes, música, diseños, software e incluso soluciones técnicas con un grado de sofisticación que hasta hace poco parecía exclusivo de la creatividad humana. Este fenómeno plantea preguntas que los redactores del Convenio de París o del Convenio de Berna jamás pudieron imaginar.
La cuestión es especialmente relevante porque los sistemas de Propiedad Intelectual han sido concebidos históricamente para proteger el resultado de la actividad creativa humana. Sin embargo, cuando una máquina participa de forma significativa en el proceso creativo, las fronteras tradicionales comienzan a difuminarse, porque…
¿Quién es el autor de una obra creada con ayuda de la Inteligencia Artificial?
a) La persona que formula las instrucciones
b) El desarrollador del sistema
c) La empresa propietaria de la tecnología
d) Nadie en absoluto
Profesionalización de la PI
La historia demuestra que la tecnología cambia constantemente. Lo que permanece es la necesidad humana de crear, innovar y obtener reconocimiento por el resultado de ese esfuerzo. La Inteligencia Artificial representa simplemente el capítulo más reciente de una historia que comenzó hace millones de años con una sencilla herramienta de piedra.
Quizás nunca sepamos quién fue el primer inventor de la historia. No conocemos su nombre ni el momento exacto en que tomó la piedra y decidió convertirla en una herramienta. Aquel pionero no pudo registrar la patente, proteger una marca ni firmar un acuerdo de confidencialidad. A falta de asesoramiento especializado, tuvo que conformarse con el secreto como única forma de protección de su I+D.
Misma suerte corrió quien inventó la rueda. Seguramente, nunca imaginó que su idea seguiría utilizándose miles de años después en vehículos, maquinaria industrial, trenes, aviones o naves espaciales.
Por una cuestión meramente cronológica, ninguno de esos ejemplos pudo beneficiarse del valor de la protección de la PI ni de la ventaja competitiva que conlleva. Pero, los tiempos han cambiado y nuestros sistemas se han adaptado a ellos moldeando normativas que garantizan una larga y próspera vida a nuestras ideas.
Aunque después de millones de años seguimos haciendo exactamente lo mismo que los primeros innovadores: resolver problemas mediante nuevas ideas, lo cierto es que ahora lo hacemos con un nivel de profesionalización y una legislación que velan por nuestros intereses como autores, inventores e innovadores. Para todos ellos, la colaboración con un profesional de la PI es crucial no sólo para conseguir proteger adecuadamente las invenciones desde sus primeras etapas sino también para concienciar a la sociedad del valor, de la relevancia y de lo importante que es cuidar todo activo de propiedad industrial e intelectual.

Desde Herrero&Asociados (H&A) os ayudamos a definir la mejor estrategia de protección y a asegurar el reconocimiento de vuestras innovaciones. Nos avalan más de 40 años de experiencia defendiendo los derechos PI de los titulares de patentes, diseños, modelos de utilidad y marcas, entre otros, ante posibles infracciones u oposiciones de terceros.










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