19 mayo 2025
En el cambiante tablero de la política estadounidense, la propiedad industrial rara vez acapara titulares. Sin embargo, tras la reelección de Donald Trump para un segundo mandato presidencial, las alarmas (o las campanas) ya están sonando en el sector de las patentes. ¿Qué futuro le espera al sistema de patentes de Estados Unidos bajo su nueva administración? ¿Y cómo deberían prepararse las empresas, especialmente aquellas con intereses globales, para lo que viene?
1. Nuevo director de la USPTO
Uno de los movimientos más reveladores ha sido el reciente nombramiento de un exabogado corporativo vinculado a “Goldman Sachs” como nuevo director de la Oficina de Patentes y Marcas de EEUU (USPTO). El perfil del candidato, marcadamente pro-empresa, simboliza un cambio profundo respecto a la anterior directora, Kathi Vidal, quien renunció en noviembre de 2024 tras liderar una administración centrada en la calidad de las patentes y su impacto social.
Vidal introdujo procesos como el “Director Review”, basado en la decisión Arthrex del Tribunal Supremo, mediante el cual la directora podía intervenir en decisiones del Patent Trial and Appeal Board (PTAB). Esta capa adicional de supervisión permitió un control más fino, pero también generó varias críticas por ralentizar el sistema.
Todo indica que su sucesor apostará por una filosofía diferente, más cercana a la línea trazada por Andrei Iancu, quien dirigió la USPTO en el primer mandato de Trump. Iancu se caracterizó por reducir regulaciones, defender los derechos de los inventores y evitar que el PTAB se convirtiera en una máquina de invalidación de patentes.
2. Un entorno reformista
Trump no ha sido especialmente prolífico en propuestas sobre propiedad industrial, pero su política económica y judicial permite anticipar una reforma estructural del sistema. La apuesta se centrará en reducir la carga regulatoria, incrementar el número de solicitudes aceptadas y agilizar los procedimientos de examen.
En el horizonte aparecen dos proyectos legislativos clave:
- PREVAIL Act (“Promoting and Respecting Economically Vital American Innovation Leadership Act”): limitaría los desafíos múltiples a una misma patente en diferentes jurisdicciones y modificaría las reglas de acceso al PTAB, reduciendo litigios abusivos.
- PERA (“Patent Eligibility Restoration Act”): clarificaría qué invenciones pueden considerarse patentables, resolviendo las ambigüedades actuales sobre software, biotecnología y métodos comerciales.
Estas reformas, si se aprueban, modificarán sustancialmente la forma en la que las empresas y startups diseñan sus estrategias de protección intelectual.
3. Consecuencias para el ecosistema empresarial
Para los solicitantes de patentes, una administración pro-empresa como la de Trump representa una oportunidad de oro: más posibilidades de obtener protección, menos trabas para ampliar sus carteras y un sistema judicial posiblemente más predecible. Pero no todo es positivo: el riesgo es que una menor supervisión también pueda incrementar el número de patentes débiles, lo que a largo plazo podría saturar el sistema y aumentar litigios innecesarios.
En sectores como el de la inteligencia artificial, donde la línea entre innovación y abstracción legal es delgada, la falta de criterios claros ha sido un freno. Con PERA, las empresas tecnológicas podrían tener un marco más amigable para proteger algoritmos, modelos y sistemas complejos.
4. Un sistema judicial estratégico: los jueces como palanca
Durante su primera presidencia, Trump designó tres jueces del Tribunal Supremo, más de 50 jueces en cortes federales y dejó su huella en cortes clave para la propiedad intelectual como la del distrito Oeste de Texas. Allí, el juez Alan Albright ha sido instrumental en atraer litigios de patentes gracias a su enfoque favorable a los demandantes.
Con varias vacantes abiertas en el sistema judicial —incluido el Federal Circuit, el tribunal de apelaciones que define la doctrina en propiedad intelectual—, se espera que Trump continúe nombrando jueces jóvenes, conservadores y con experiencia empresarial.
Esto influirá directamente en los precedentes judiciales y en el comportamiento de los tribunales inferiores. Se consolidará una tendencia pro-demandante, donde las empresas con patentes tendrán más herramientas para defender sus derechos.
5. Biotecnología y sector farmacéutico: alivio a la vista
Las empresas de ciencias de la vida observan con esperanza el cambio de administración. Durante el mandato de Biden, políticas como el posible uso de las march-in rights para intervenir precios de medicamentos o el apoyo a la exención de patentes en la OMS para vacunas COVID, causaron alarma en el sector.
Trump, en cambio, ha expresado su rechazo a estas medidas, defendiendo el papel del mercado y de la innovación privada. Bajo su administración, se espera que los derechos sobre patentes farmacéuticas sean más robustos, incentivando nuevas inversiones y fortaleciendo la posición de EEUU como líder global en bioinnovación.
6. China en el punto de mira
Una de las grandes constantes de Trump ha sido su enfrentamiento con China, especialmente en temas de robo de propiedad intelectual. Este conflicto no solo continuará, sino que se prevé que se intensifique, con acciones coordinadas desde la USPTO, el Departamento de Comercio y la Oficina del Representante Comercial de EEUU.
Las empresas que operan en ambos mercados deberán extremar precauciones: revisar acuerdos de confidencialidad, limitar el traslado de know-how y proteger con diligencia sus activos intangibles. La fabricación nacional será prioritaria y las cadenas de suministro podrían reestructurarse para reducir la exposición a riesgos geopolíticos.
Además, se espera que EEUU presione a organizaciones internacionales para que adopten reglas más estrictas sobre el cumplimiento de los derechos de propiedad intelectual, lo que podría afectar directamente a empresas chinas.
En efecto, Trump mantiene su cruzada contra China. No quiere negociar, sino castigar. Pero, en el fondo, lo que proyecta no es fuerza, sino miedo. Miedo a un rival que ya no es la fábrica del mundo, sino su laboratorio. China, que antes crecía con las manos, hoy lidera con la mente, y esto Trump no lo puede controlar.
Las cifras son inapelables. Cada año, más de tres millones de estudiantes chinos se gradúan en carreras STEM: ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. Un millón más que India. El doble que Estados Unidos. 94 veces más que España. Y ese talento no se queda en papel. Se transforma en investigación, desarrollo, prototipos, patentes y, lo que es aún más importante, productos en el mercado. China no solo está formando ingenieros; está formando estrategas tecnológicos.
El crecimiento de China como superpotencia innovadora no es accidental. Es fruto de una estrategia de Estado que ha sabido combinar inversión pública, colaboración con el sector privado y una obsesión nacional por la autosuficiencia tecnológica. La Iniciativa Made in China 2025, a pesar de las críticas y sanciones occidentales, ha seguido su curso, promoviendo sectores clave como la robótica, la inteligencia artificial, las telecomunicaciones cuánticas y las energías renovables.
China es también el país que más patentes tecnológicas registra. Algunas voces han intentado relativizarlo: en un régimen autoritario se incentiva artificialmente el registro de patentes. Pero incluso usando indicadores más estrictos, como el de patentes en inteligencia artificial testadas y validadas, China ya ha alcanzado a EEUU. En 2021, registró 6.879 patentes frente a las 6.798 patentes de su rival. 20 años antes, el marcador era de 3.000 a 42. La remontada no es coyuntural. Es estructural.
Y esto va mucho más allá de la inteligencia artificial. Según un estudio del Instituto Australiano de Política Estratégica (financiado por el Departamento de Estado de EEUU), de los 44 sectores tecnológicos clave para el futuro, China lidera en 37, EEUU apenas en 7. La hegemonía ya ha cambiado de manos. Solo falta que algunos lo reconozcan.
Uno de esos sectores es el coche eléctrico. China no solo produce más, sino que lidera en diseño, innovación en baterías, infraestructura de carga y escala industrial. El 36,3% de los coches eléctricos vendidos en el mundo son chinos. Y sus marcas ya no son imitadores, son pioneros. Los gigantes europeos (Mercedes, Volkswagen, BMW) ya no van a China solo a fabricar barato, van a aprender. Porque allí está el conocimiento, la cadena de suministros, la capacidad industrial… y la visión de futuro.
Trump puede seguir gritando desde la tribuna. Puede convertir la política exterior en un espectáculo de amenazas y desaires.
Y en esa carrera, el liderazgo no se gana con sanciones, sino con ideas.
7. Pymes y startups: ¿beneficiadas o saturadas?
Una USPTO más abierta y menos burocrática puede suponer una ventaja significativa para pequeñas empresas y emprendedores. Sin embargo, también existe el riesgo de que la calidad se diluya y que se genere una “burbuja de patentes” de bajo valor que dificulte la competencia leal.
Por ello, es esencial que estas empresas cuenten con una estrategia de propiedad intelectual clara, que no solo se limite a registrar patentes, sino que contemple su defensa, explotación comercial y alineación con los objetivos de negocio.
8. ¿Y qué pasa con los plazos?
Un punto de atención importante será la capacidad operativa de la USPTO. Si aumenta significativamente el volumen de solicitudes, pero se reducen los controles y se desmontan estructuras creadas en años anteriores, podrían generarse cuellos de botella.
Esto impactaría en sectores donde la rapidez es clave, como el desarrollo de software, dispositivos médicos o productos de consumo. La administración deberá equilibrar velocidad y calidad para evitar que una política de puertas abiertas termine colapsando el sistema.
9. Implicaciones internacionales
Trump ha mostrado en repetidas ocasiones su desapego por los organismos multilaterales. Esto podría traducirse en una menor cooperación con la OMPI (Organización Mundial de la Propiedad Intelectual) o en el abandono de ciertas iniciativas de armonización de criterios de patentabilidad.
No obstante, muchas empresas extranjeras siguen viendo a EEUU como el mercado más atractivo para proteger su innovación. Por ello, es previsible que muchas ajusten sus estrategias de entrada para beneficiarse de un entorno más favorable.
Conclusión
El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha abierto un nuevo capítulo en la historia de la propiedad industrial en Estados Unidos. Con un nuevo director al frente de la USPTO, un Congreso con propuestas de reforma en marcha y un entorno judicial cada vez más decisivo, las empresas deben prepararse para un escenario de grandes oportunidades… y no pocos desafíos.
Será un sistema quizá más amigable con el inventor, más accesible para las pymes, pero también más exigente para quienes buscan mantener estándares elevados de calidad. La competencia internacional, especialmente con China, y la necesidad de mantener el liderazgo tecnológico marcarán la agenda.
En este contexto, los despachos especializados en propiedad industrial como H&A se convierten en socios estratégicos indispensables. Porque en 2025, la estrategia no será solo registrar, sino anticipar, defender y crecer.
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