9 julio 2026
Durante años, la expresión turismo sanitario evocaba una imagen bastante cómoda: alguien viajando para hacerse un tratamiento dental, una cirugía estética o un implante capilar a menor coste. Esa imagen no ha desaparecido. Pero, en 2026, se queda corta.
El nuevo turista sanitario no lleva chanclas: lleva un informe clínico
El nuevo turista sanitario no viaja necesariamente por capricho ni por precio. A veces, viaja porque la tecnología existe, pero no para él: está aprobada en otro país; se reembolsa en otro sistema sanitario; se ofrece en un número limitado de centros o está disponible antes en el mercado privado que en el público.
El pasaporte entra en escena cuando el calendario sanitario de un país no coincide con el calendario clínico del paciente. Y ahí aparecen las patentes.
No como un policía de frontera que impide subir al avión, sino como una pieza silenciosa del mapa: qué productos existen, quién puede explotarlos, dónde se han lanzado, cuánto margen de exclusividad queda, qué centros están autorizados y qué precio hace viable —o inviable— el acceso.
La patente no prohíbe viajar, pero ordena el mercado
Conviene empezar por lo básico: una patente es territorial. Una patente española, europea, estadounidense o japonesa no genera por sí sola un monopolio mundial. La protección depende del territorio, de las reivindicaciones concedidas, de su vigencia y de cómo se explote la tecnología en cada mercado.
En el ámbito médico europeo, además, existe una regla que suele generar confusión: no se conceden patentes europeas para métodos de tratamiento quirúrgico o terapéutico practicados sobre el cuerpo humano o animal, ni para determinados métodos diagnósticos practicados sobre el cuerpo.
Pero eso no significa que la medicina esté “fuera” del sistema de patentes. Todo lo contrario: pueden protegerse medicamentos, sustancias, composiciones, dispositivos médicos, kits diagnósticos, software médico, herramientas de edición genética, procedimientos ex vivo, segundas indicaciones médicas y tecnologías auxiliares.
En otras palabras: puede que el acto médico no sea patentable como tal, pero el ecosistema que lo hace posible sí puede estar intensamente protegido.
El paciente no infringe una patente por desplazarse para recibir un tratamiento. Quienes sí deben analizar el terreno son los fabricantes, titulares, licenciatarios, hospitales, distribuidores, importadores y plataformas que hacen posible la prestación sanitaria.
El viaje ya no es solo a Turquía por pelo: también puede ser por tiempo
El caso más visible de los últimos meses no es necesariamente el más dramático, pero sí es muy ilustrativo: los medicamentos GLP-1.
En junio de 2026, la Medicines and Healthcare products Regulatory Agency (MHRA), autoridad británica de medicamentos y productos sanitarios, autorizó la primera formulación oral de Wegovy para control de peso. Más allá del debate médico, el ejemplo muestra cómo una misma familia tecnológica puede estar disponible en formatos, canales y tiempos distintos según el país.
El paciente informado —o impaciente— compara jurisdicciones, farmacias, listas de espera, precios, seguros y advertencias regulatorias. En el extremo opuesto del espectro están las terapias avanzadas: medicamentos personalizados, terapias celulares, terapia génica y edición genética.
Casgevy, una terapia basada en edición genética para determinados pacientes con anemia falciforme y beta talasemia, es un buen ejemplo de tecnología que parece ciencia ficción y ya forma parte de la realidad regulatoria. En julio de 2026, la FDA amplió su aprobación en Estados Unidos para determinados pacientes desde los dos años. En la Unión Europea, su ficha autorizada por la EMA cubre pacientes de 12 años o más en indicaciones concretas. Entre una autorización, un acuerdo de reembolso, un centro capacitado y una cama disponible puede haber meses de diferencia. Para un paciente, esos meses no son una nota al pie: son la cuestión central.
El turismo sanitario de alta tecnología no consiste solo en “ir donde sea más barato”. Muchas veces, consiste en ir donde la innovación ya ha bajado del PowerPoint al hospital.
El verdadero cuello de botella no siempre es la patente
Sería tentador convertir a la patente en villana. Sería también demasiado fácil. Sin patentes, secretos empresariales, exclusividades regulatorias y acuerdos de licencia, muchas tecnologías médicas simplemente no se financiarían.
El problema no es que exista protección. El problema aparece cuando la promesa del sistema —exclusividad temporal a cambio de divulgación, inversión y progreso técnico— se percibe como demasiado lenta para el paciente que necesita acceso hoy.
De hecho, la patente es solo una de las capas. Encima, o al lado, están la autorización de comercialización; las evaluaciones de tecnología sanitaria; la negociación de precio y reembolso; los certificados complementarios de protección (CCP); las exclusividades de datos o de mercado; las reglas de importación; la farmacovigilancia; la publicidad sanitaria; la responsabilidad médica y la capacidad material de los centros.
Desde enero de 2025, la Unión Europea somete nuevos medicamentos oncológicos y terapias avanzadas a evaluaciones clínicas conjuntas. Es un intento de coordinar mejor la evidencia, aunque las decisiones de precio y reembolso sigan teniendo una fuerte dimensión nacional.
La Directiva europea de asistencia sanitaria transfronteriza reconoce que los ciudadanos de la UE pueden acceder a asistencia sanitaria en otro Estado miembro y, bajo determinadas condiciones, obtener reembolso. Pero no es un cheque en blanco ni una vía rápida universal para cualquier terapia cara, experimental o no financiada. La movilidad del paciente existe dentro de un entramado administrativo bastante menos glamuroso que el folleto de una clínica internacional.
Lo que el turismo sanitario dice a titulares y empresas
Para los titulares de patentes y empresas healthtech, la movilidad del paciente envía una señal incómoda: cuando los pacientes empiezan a organizar viajes para acceder a una tecnología, quizá el mercado está hablando antes que el regulador.
Esa señal debería influir en la estrategia de propiedad industrial. No basta con patentar bien. Hay que diseñar una estrategia de acceso coherente: territorios prioritarios, licencias, fabricación, centros autorizados, acuerdos con hospitales, precios diferenciales, programas de uso compasivo o acceso temprano, protección de know-how clínico, control de marca y vigilancia frente a productos falsificados o servicios no autorizados.
También hay un ángulo reputacional. Una empresa puede tener una cartera de patentes impecable y, aun así, verse en el centro de una conversación pública incómoda si la tecnología que protege se percibe como inalcanzable. En salud, la exclusividad no se mide solo en ingresos: se mide también frente al reloj biológico de los pacientes.
La paradoja final: innovación global, acceso local
La innovación médica se presenta como global, pero el acceso sigue siendo profundamente local.
Una molécula puede estar descrita en una patente internacional, ensayada en varios continentes, autorizada por una agencia, evaluada por otra, reembolsada en un país y bloqueada presupuestariamente en el vecino. El paciente, mientras tanto, no vive en el “mercado interior” ni en la “familia de patentes”: vive en su diagnóstico.
Por eso, el turismo sanitario de tecnologías protegidas no debe leerse solo como una anécdota de pacientes con recursos. Es un indicador de fricción. Muestra dónde la innovación llega antes que la financiación, dónde la protección jurídica no se acompasa con la disponibilidad real y dónde la territorialidad de los derechos choca con la ansiedad, perfectamente humana, de quien busca una opción terapéutica.
La patente no es el enemigo del paciente. Pero tampoco puede ser una coartada cómoda. Si la innovación necesita pasaporte para llegar a quien la necesita, el sistema tiene una pregunta pendiente.
En Herrero&Asociados (H&A) somos conscientes de que no basta con patentar bien. Por ello, nuestros técnicos asesoran a investigadores e innovadores para diseñar y conseguir la mejor estrategia de propiedad industrial para sus activos intangibles.
WEBINAR SOBRE EL BREXIT

Un vídeo para resolver tus dudas sobre el Brexit y las marcas y diseños.










Comentarios
No hay comentarios